Eso pensé. Y también lo dije.

Actualmente, soy una persona muy consciente de cómo me perciben los demás. Eso lo debo a la retroalimentación pues, aún sin pedirla, la gente llega y me dice cómo me ve, cómo cree que soy. No me piden permiso, sólo me hablan de mí, de cómo evoluciono, de lo que suponen y adivinan. Parece que les causo mucha curiosidad y no sé por qué. Siempre he detestado ser el centro de atención, trato de pasar desapercibida y ni siquiera hablo con nadie. Aún así, seguido se aproximan y, en efecto, enfatizan que soy extremadamente seria, a todas luces constante y muy necia. Me informan también que cuando corro me concentro como pocos, que se nota que correr me apasiona; que corro “muy padre” (whatever that means)… hasta dicen que tengo madera de corredora y han ofrecido entrenarme. Mi profesora de yoga diría que físicamente soy muy fuerte y, en términos de personalidad, considera que mi ego se sale de control a veces… Aunque en eso último difiero, quizá porque no es un halago, ella es quien me observa y se lo concedo. También me dicen muy seguido que tengo un gesto duro, lo cual no es novedad: así he sido siempre, mis fotos de la infancia no mienten.

Sin embargo, hay cosas que la gente no puede ver desde afuera y cuya respuesta tengo que encontrar sola. Necesito descubrir qué quiero, qué estoy buscando, a dónde quiero llegar. Los por qués serían la cereza del pastel. Es una tarea inconclusa que postergo diario porque es duro recaer en la desesperación y en la desorientación. Luego, es normal que no esté ni cerca de emprender el camino que me llevará a lo que sea que quiero. Y así comienza mi espiral de ansiedad. Primero me reprendo pensando cuán inaceptable es que a casi dos años de mi última crisis existencial siga igual de perdida y atorada. Enseguida me entristezco, pues ahora ya no tengo nada que lo justifique. Finalmente caigo en la indiferencia y en la rutina. Un día más tan perdida, tan desesperada…

Por alguna razón, la gente se acerca. Las mujeres se acercan. Los hombres se acercan. Primero me observan, supongo que para tener algo que decir cuando finalmente me hablan. Algunos incluso me han comentado que miden mis tiempos al correr. Luego buscan la forma de hablarme, de platicar conmigo… “Necesitas kleenex?”, “has bajado de peso”, “corres diario?”, “estás lesionada?”, “te ayudo a hacer ejercicios para que te recuperes más rápido?”, “no te decía nada porque eres muy seria, pero deberías dejar de correr unos días”, “Buenos días!” Así han comenzado cada una de las personas que han roto la barrera de mi silencio. Por cierto, pocos han sabido hacerlo sin asustarme o sin hacerme sentir insegura. La persona más tímida se ha limitado a dejar notas y dulces en mi bicicleta. Incluso he llegado a cambiar mis horarios habituales un par de veces con tal de evitar correr en un ambiente enrarecido del cual desconfío.

Cómo es que alguien cabizbaja, sigilosa y con una maraña de pensamientos puede no pasar desapercibida? De qué me estoy perdiendo? Yo me pasaría de largo. Siempre pensé que mi bajo perfil, mi torpeza al hablar y mi cara de pocos amigos lograban hacerme desaparecer del radar, que la atención de los demás no sería para mí. Con todo, es ya la segunda vez en mi vida que caigo en cuenta de cuántas miradas hay sobre mí. No notan que me molesta tanta interacción? No ven que disfruto correr completamente sola? Que correr me sosiega? No se dan cuenta de que necesito pensar y aclarar mi mente? Supongo que aquellos días perfectos y solitarios en los que correr me servía para estar conmigo misma están acabándose rápido… Al igual que mis meniscos.

Sería injusto no reconocer que, entre las personas que me han hablado desde que empecé a frecuentar esa pista de corredores, hubo alguien que me pareció atractivo. Con todo y líos existenciales, me sentí lista por un segundo para salir con alguien por primera vez en dos años. Y desafortunadamente, lo echó a perder.

“Te molesta que te diga que eres muy seria y que deberías sonreír más?”

No me molesta, nada que me digas me molesta. Eso pensé.

“No, no te preocupes, me lo dicen seguido.”

Mas una nunca debe apresurarse a juzgar lo que tiene enfrente. Un café y un par de horas de conversación terminaron en una mentira sobre algo tan básico e insignificante como su edad. Para mí, ahí quedó todo, lo cual fue muy decepcionante porque realmente me gustaba mucho… Vaya chasco! A veces es mejor vivir en las fantasías. Además, somos muy diferentes, mejor me ahorro el drama. A la vez pienso que de todas formas, como dirían los americanos, I don’t have my shit together. Por ende, no estoy verdaderamente lista para salir con nadie aún.

Así como en la era de Internet él no pudo verme la cara, yo no puedo mentirme a mí misma: no sé ni a dónde voy, ni qué quiero, ni cómo alcanzarlo. Excepto que mi respuesta implica una búsqueda honesta dentro de mí.