Ayer pasé parte del día con unas amigas. Casi todas son chicas que conozco desde que iniciamos la universidad. Hoy todas son exitosas y se les ve con muchas ganas de continuar ascendiendo profesionalmente. A una de ellas la conozco desde el liceo. Y aunque me tardé en darme cuenta, algún día tuve la suerte de que me eligiera como su amiga.

Casi ya no las frecuentaba, pero últimamente las he visto más seguido puesto que una de ellas, quien por cierto es la más joven del grupo, se casará a finales de año. Las demás seremos sus damas de honor, así que hay que apoyarla cuanto se pueda.

Cuando estuve fuera del país, pensé mucho en ellas. Seguido me encontraba lamentando haberme alejado de las pocas personas que me aceptaban hasta en mis días más negativos. Oh, homesickness… Recuerdo que mi distanciamiento consciente comenzó cuando me sentí un poco cansada de convivir tanto con las mismas personas. Me alejé, hice cosas que con ellas no habría podido porque no somos tan afines después de todo: ni en gustos musicales, ni en actividades diarias preferidas, ni en lugares qué frecuentar… Conocí nuevas caras, las aprecié, se fueron. Continuó el proceso de olvido. Me acostumbré a pasar más tiempo conmigo misma y me gustó mucho. Por eso era muy contradictoria tanta nostalgia, pues si bien cada que volvía a verlas todo me era más ajeno y ya estaba perdida la complicidad de gestos que se da entre amigas íntimas, estando lejos las extrañaba…

Se los escribí, como siempre lo hago, pero no hubo respuesta. Quizá dedujeron que sólo lo hice porque estaba sola a un océano de distancia. En efecto, al volver y platicar con ellas sentí que parte de nosotras y nuestra interacción se congeló en el pasado. Era como una película que se ve una vez y al volver a verla después de varios años no se le encuentra nada interesante, nada novedoso. Será que me quedé sin amigas permanentes?

Tal vez sí es así después de todo. Ayer intenté hablar con ellas de mí, de lo que me ha pasado (y de lo que no) en las últimas semanas, pero no pude. No pasé de bromear un poco, sonreír, ejemplificar con experiencias de otros conocidos. Si no me preguntaban nada personal, tampoco lo compartía. Ya no se siente natural. Creo que también ellas portan una coraza, pero reconozco que es menos gruesa que la mía. Es increíble que me hayan invitado a formar parte de un momento tan crucial en la vida de una persona y yo me sienta incapaz de reconocerlas, de abrirme. Qué me pasa? Me siento en un estado de indiferencia emocional y por más que trato de salir de él no lo logro.

Creo que hace mucho dejé de ser su amiga. Por ejemplo, hace un par de años salí con un chico durante unos cuantos meses (lo cual también es raro en mí), y no se los dije hasta muchas semanas después. Al principio era porque tenía dudas, no sabía por qué me animé a andar con él, hasta sentía que me estorbaba, que requería demasiado tiempo, que había cosas que ya no podía hacer porque ahora tenía que tomarlo en cuenta, qué fastidio! Al cabo de algunos días que comencé a aceptar y hasta adorar mi nuevo estatus de ser la novia de alguien, de estar y aprender de una persona, de sentir cosas nuevas y emocionantes, tampoco quise compartir nada con “mis amigas”. En sí, el pobre chico sólo conoció a tres de mis más allegados amigos… vaya, ni siquiera a mi familia.

En aquellos días, yo estaba en un pésimo lugar, por lo cual la relación estaba también destinada al fracaso. Nunca hubo mayor esfuerzo de mi parte por que mi grupo de amigas de la universidad lo conocieran y le dieran el famoso visto bueno porque no lo consideré importante, mucho menos lo pensé necesario. Además, me pondría muy celosa de que lo vieran… Yo lo veía tan mío que no quería su atención en mis amigas, ni mucho menos que ellas le expusieran mis múltiples osos del pasado aunque fuera en forma de anécdotas chistosas. Aún tras la ruptura, no volví a mis amigas. Mi hermana soportó la mitad de mi profundo drama, pues la otra mitad la pasé conmigo misma del otro lado del Atlántico (y no fue nada agradable). Me daba flojera explicarle a los demás todos los detalles, tampoco quería que me regañaran o que apuntaran que era obvio desde un principio que todo saldría mal. Así que sólo mi hermana y yo sabemos cómo la pasé. Las chicas, a quienes por costumbre llamo “mis amigas”, sólo tienen una idea vaga de que hubo alguien y que terminó. Adivinan que el final no fue feliz, porque ya nunca lo veo, pero es todo. Y pensar que a él le angustiaba mucho que yo fuera a hablar mal… Pero si ni las conoció! En fin…

Hoy creo que me gusta mucho más que antes estar sola… Tal vez he alcanzado un nivel de egoísmo que no pensé que existiera. Una ventaja es que al no tener nada que perder, se deja de sufrir y creo que por eso estoy así de aferrada a my loner self. Además, no tengo idea de cómo recuperar relaciones de ningún tipo… Las amistades se pueden reparar y resarcir? Quedan igual que antes o mejor? Y más importante aún, es algo que quiero hacer? Por ejemplo, hace unos días acordé ver a un ser que estimo mucho pero finalmente ni él ni yo quisimos vernos, todo quedó en meras palabras.

Tal vez por eso no me despego de mi familia, pues sé que si un día me alejara de ellos sería para no volver. Ni modo, así soy yo: el día que me retiro ya no hay vuelta atrás.