Hace un par de semanas me enteré de que este mes, el mes de mayo, es el mes de la salud mental.

La última vez que tuve una de esas espirales sin control se detonó al enterarme del caso de una ex-compañera de trabajo. Ella tiene trastorno bipolar y tuvo que renunciar para atenderse. Cuando ella me confió lo que estaba viviendo, entendí por primera vez muchas piezas, todo cuadró. Tanto así que me caíste como balde de agua fría.

Contigo pasé de la curiosidad, de verte a través de mi espejo, al enojo y al rechazo. Nunca sabré dónde estaría hoy o cómo sería hoy si tú siguieras vivo. Nunca tendré muchas respuestas a preguntas naturales como: ¿Por qué? ¿Cómo es que nadie lo vio venir? ¿Tuviste ayuda? ¿Comenzó todo con la epilepsia?

Gracias a ella y a su crisis pude salir de esos años de enojo y empaticé contigo. A través de ella entendí que, sin ayuda profesional, no tenías ninguna oportunidad. Empecé a especular, ya que es lo único que puedo hacer. Empecé a justificarte, porque ya estaba cansada de estar tan enojada y recaer siempre. Empecé a leer más, para darle un sentido a tu decisión. Y también para no tomarme nada personal, para no sentir que nos dejaste sin pensar en nosotras. Simplemente eras alguien que necesitaba ayuda y nunca la tuvo.

Todos esos huecos que en algún momento sentí que nunca se iban a llenar los he cubierto con especulaciones racionales. O cuando menos se basan en la ciencia de la salud mental y lo poco o mucho que se sabe al respecto hoy en día.

Ya no estoy enojada, y aunque ese sentimiento de abandono no se ha ido por completo, ya no considero que sea reprochable en absoluto. Por muchos meses, tuve un profundo sentimiento de culpa por haber pasado tanto tiempo en la oscuridad, sin entender nada. Hoy sé que no saber me da permiso de racionalizar todo, de dejarlo atrás, y recaer un poquito menos, menos seguido, en aquellas crisis.

Soy más comprensiva, creo. Respeto mucho más a las personas que saben que necesitan ayuda y la piden. Ojalá continúe esta tendencia actual que desestigmatiza poco a poco los trastornos mentales. Tal vez esa parte yo no la domino aún, pero seguiré trabajándola. Después de todo, siempre hay algo que podemos mejorar de nosotros mismos.